Como pasa el tiempo, parece que fue ayer... y sin darme cuenta ya han pasado 10 años desde que dije mi primera embajada. Diez años desde que un día en casa de Antonia y Onofre fui a recoger el traje de embajador que José Joaquín guardaba allí, donde él se vestia. Allí éramos unos cuantos, llenos de recuerdos. Mi mujer y yo cogimos el traje y lo llevamos a nuestra casa, pero como no, sin hablar primero con Antonia y decirle que el día 12 de mayo la esperaba en mi casa para que me vistiese. Ella que iba a decir, primero dudó pero enseguida me dijo: Coloma, allí estaré para ayudarte. La verdad es que se lo agradecí.
Ya llega el día y Antonia ve a mi mujer el día 11 y le dice:
-Paqui ¿a las 4?.
-Si, Antonia, a las 4 te espero, dice mi mujer.
Así que era el primer año, yo ya había dicho que ese día quería comer caldo para que la garganta estuviera a punto, aunque un buen amigo mío, D. Fernando, ya se había ocupado de que así fuera y, continua ocupándose. Gracias.
Así es que comimos en casa de mi suegra, y a 1as 4 en punto fuimos a casa, porque venia Antonia. Nos metimos en la habitación y empezamos a vestirme, mientras tanto en mi casa estaban las personas que yo quería: mis amigos, cuñados/as, hermanos y a veces muy buenas amistades. Todos tomándose su café o su copa, pero yo desde arriba los oía, estaba contento, aunque no sabia lo que iba a pasar. Ya termino de vestirme y oigo la música que venia a por mí, Antonia me pone el casco y me da dos besos. : “Que salga bien”, me dice. “Gracias Antonia, tocan las trompetas, me llaman.
Antes de salir, entran algunos comparsistas a darme ánimos y por fin salgo a la calle, estaba llena de Blavets. Me emocioné, toca la banda y después de dejarme un sitio los capitanes en la escuadra oficial, ya nos vamos. Llegamos a la Serreta y yo me baje junto a otros comparsistas a casa de Pepe y Pepa, entramos, nos tomamos algo y al rato entró mi madre. La verdad es que me alegré muchísimo, me dió dos besos y muchos ánimos y se fue a verla por la televisión. Ya llegamos a la calle mayor, el caballo está preparado, subo y veo a toda la compasa allí, juntó a mi, Emilia y Pepa me sacan una tila, yo me la tomo y digo que sea lo que Dios quiera.
Bueno es la hora de la embajada, llegamos a la plaza con los muleros cogidos al caballo, el consumeta a mi lado, el agua y la espada preparadas y dije: No me lo pienso, allá voy. Al terminar la embajada, me di cuenta de lo Blavet que soy. Me sentía bien, emocionado eso sí, recordando a todos los míos que o bien por la lejanía o por fallecimiento no habían podido estar junto a mí. Mi tía Antonia, siempre lejos, pero sé que ella ese día reza por mí, y también pensé en mi abuelo Payés, de lo orgulloso que se podía sentir de haber visto a su nieto, diciendo la embajada, al igual que se sentía orgulloso viendo a sus nietos desfilando de su mano. Pero si algo me lleno de emoción, fue cuando Fausto Ribera me abrazo emocionado y me dijo al oído gracias por el responso que le has rezado a José Joaquín. Después Jorge y toda la familia de José Joaquín me dieron la enhorabuena, junto a muchísimas personas. ¡Gracias!.
Y así transcurrió mi primera embajada, ahora todo es igual, espero a las personas que junto a mí viven ese día. Me fijo en mis hijos y digo que es la cuarta generación de Blavets en la familia. Recordando, pienso en mi paso por la Comparsa, he sido Blavet desde que nací y he ostentado cargos importantes en ella. Presidente, con una junta maravillosa y me gustaría ver a mis nietos, si algún día los tengo, en esta Comparsa.
Espero poder seguir con la embajada por lo menos, durante 10 años más.
JAIME COLOMA
Embajador de Els Blavets
(Revista de Fiestas del 2004)
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